Letras recortadas de varios libros y periódicos

En una ocasión entre conocidos llegamos a una conclusión sobre el uso de las nuevas tecnologías en lo que a búsqueda y recuperación de información se refiere.

Casi todas las personas de nuestro entorno, familiares y amigos, utilizan Google para acceder a información de todo tipo. Lo tienen configurado en sus navegadores como página de inicio, al abrirlo aparece Google para preguntarte qué quieres consultar hoy.

Bueno, había alguna excepción, alguien usaba DuckDuckGo (por si no lo sabes, este buscador es una alternativa al gigante tecnológico de Silicon Valley que no rastrea tu información privada). Pero no era lo habitual.

Entonces aquella charla fue a más, hasta que uno de los interlocutores formuló una pregunta. ¿Qué alternativas tenemos para buscar información?

Nos dimos cuenta de que casi todos buscamos información automáticamente sin pararnos a pensar en el proceso mismo de búsqueda de información. Tenemos prisa, y al final nos fiamos de lo que arroja Google en las primeras posiciones porque el vecino hace lo mismo también.

Por otra parte, en los últimos años han surgido decenas de plataformas de blogging, de generación de contenidos, redes de escritores y lectores que comparten artículos y publicaciones, tales como Medium, HubPages, Steemit, Hackernoon, y muchas, muchas más.

Con el advenimiento de la web social cualquier persona puede generar contenido, se puede incluso ganar dinero por contribuir en dichos sitios web, lo que está muy bien en mi opinión.

Se estima que Google tiene indexados cientos de billones de páginas. Con tanta información generándose cada día que pasa hace falta plantearse el modo en que uno busca y accede a la información, y parecería que los usuarios vamos a necesitar ayuda para recuperarlas todas.

Retrocedamos unas cuantas décadas en el tiempo cuando todavía no había Internet y rescatemos el concepto de catálogo de biblioteca tradicional, por así decirlo, por si todavía no lo conoces.

Un catálogo es el registro de fondos de una biblioteca en una base de datos, o dicho más técnicamente, los asientos bibliográficos de una colección. Dichos fondos son muy variados y pueden incluir libros, documentos, material multimedia, dibujos, cartas y mapas, entre otras cosas.

Más o menos, vendría a ser el equivalente de un índice de buscador web.

Pero a diferencia de la Web, donde la información se almacena en índices, como hemos dicho, y se recupera con algoritmos privados de acuerdo a múltiples variables, en las bibliotecas trabajan personas.

Los bibliotecarios reciben los fondos de la biblioteca, los analizan, actualizan, y clasifican de acuerdo a un proceso catalográfico.

Trabajan colaborativamente uniendo esfuerzos en los así llamados catálogos colectivos en línea, que son agrupaciones de catálogos de varias bibliotecas pertenecientes a una red puestos a disposición del público.

Y es que las bibliotecas vienen experimentando una revolución vertiginosa de un tiempo a esta parte, y se están adaptando a las nuevas tecnologías al mismo tiempo que se hacen protagonistas del cambio.

Así pues, si eres de los que se ha acostumbrado a buscar información siempre con el mismo buscador y de la misma manera, con el post de hoy presentamos una alternativa animándote a hacer algo distinto.

Complementa tus búsquedas. Consulta los fondos de las bibliotecas públicas de tu comunidad, cómodamente, con tan solo una conexión online y un clic de ratón.

Sin más preámbulos, ¡allá va la lista de enlaces que compartimos contigo!

Como ves, en este post tan solo hemos confeccionado una breve lista de enlaces a bibliotecas de España, pero si tu país es de habla hispana, México, Argentina o Colombia, por solo nombrar algunos, seguro que encuentras interesantes catálogos colectivos varios. ¿Los vas a compartir con tus amigos?

Esto es todo por hoy, muchas gracias por leer este post.

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